BIOGRAFÍA

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Gabriel Salgado es un Predicador y Cantautor Cristiano Católico, originario de la ciudad de Temuco, 9ª región de Chile. Es miembro fundador del Ministerio de Adoraciòn y Alabanza KAIROSrockatólico, que pone al servicio del pueblo de Dios encuentros y retiros de adoración y alabanza, labor desarrollada intensamente en el sur de Chile.
Su música, mensaje y ministerio están insertos dentro de un plan misterioso de Dios que está llegando a todos los rincones de America Latina.
Gabriel es además,profesor de inglès y orientador familiar. Participa en la Renovación Carismática Católica Chilena desde 1987.habiendo ocupando a lo largo de los años diversos cargos en su seno.Sus discos más recientes son "El privilegio de Adorarte" y "Aún estamos aquí".
Gabriel piensa: " Lo que el hombre no ha sido capaz de unír en el seno del cristianismo,Jesús lo hará por medio de la música".
Gabriel es un hombre de familia. Tiene 2 hijos: Felipe Andrés y Arturo Ignacio. Actualmente Gabriel y sus familia viven en Valdivia, Región XIV de los rìos y desde aquí visita diversas partes de Chile con su ministerio en respuesta a las invitaciones de comunidades cristianas del país para que les visite llevando la palabra de Dios y música.
¿Necesitas oración y apoyo?, ¿Quieres que compartamos nuestro servicio con tu comunidad?
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NUESTRO MINISTERIO

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NUESTRO MINISTERIO "KAIROSrockatólico"

Hermanos y Amigos

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"Ven a Mí"- KAIROSrockatólico






Finalmente, ya está. Con renovadas alegrías y esperanzas en Jesús, nuestro salvador, les presentamos nuestro primer,nuevo videoclip del 2016,con el tema "Ven a Mí".
Tiempo de disfrutar y meditar mediante esta canción, con letra y melodía de Gabriel Salgado y arreglos por Jose Gatica y Roger Andaur....

¡Todo para la Gloria de Dios!

Los Dones y Frutos del Espíritu Santo


“Ustedes recibirán la fuerza del Espíritu Santo; él vendrá sobre ustedes para que sean mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en  Samaria y hasta los extremos de la tierra”(Hch 1,8) 

“Queridos amigos y hermanos, a días de celebrar una de las fiestas más importantes del mundo cristiano, como es Pentecostés, quiero compartir con todos ustedes este tema que presentaré, Dios mediante, el próximo sábado por la noche, en mi comunidad de oración.
El objetivo de ella es refrescar nuestra frágil memoria respecto a los dones y frutos del Espíritu Santo.”

Los Dones del Espíritu Santo

¿Qué son los dones del Espíritu Santo?
Según el catecismo de la iglesia católica, al hablar de los dones dice: "… La vida moral de los cristianos está sostenida por los 7 dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo."
Definimos entonces a los  dones espirituales como un atributo especial que el Espíritu Santo da a cada miembro del Cuerpo de Cristo, según la gracia de Dios para usarlo dentro del contexto de su cuerpo (Iglesia).

¿Cuándo se comenzó a hablar de ellos?
Los dones del Espíritu Santo fueron profetizados ya en el Antiguo Testamento. 6 de estos dones aparecen en el libro de Isaías 11: 1-3 “Y brotará un retoño del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto. Y reposará sobre El, el Espíritu del SEÑOR, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del SEÑOR. Se deleitará en el temor del SEÑOR, y no juzgará por lo que vean sus ojos, ni sentenciará por lo que oigan sus oídos...”
El séptimo de ellos, el don de piedad, lo encontramos en el nuevo testamento, en romanos 8:15. Aquí somos llamados a reconocernos como hijo de Dios, amantes de su compañía.
“ Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud que los lleve otra vez a tener miedo, sino el Espíritu que los hace hijos de Dios. Por este Espíritu nos dirigimos a Dios, diciendo: "¡Abbá! ¡Padre!"

¿Cuándo se reciben estos dones?
En el momento del bautismo, todo cristiano recibe el regalo de los dones de parte del Padre celestial y estos son activados luego en la confirmación, cuando la persona  recibe al Espíritu Santo plenamente. Entonces se convierte en un soldado de Cristo siempre dispuesto a luchar por Él.

¿Cuál es el objetivo de su derramamiento en la iglesia de hoy?
1. Dios imparte los dones espirituales conforme a su gracia; no pueden ser adquiridos por mérito humano.
2. Dios imparte los dones espirituales de acuerdo a su propia discreción; no está limitado a los deseos humanos.
3. Dios desea que todo cristiano ejercite los dones espirituales; estas capacidades no están limitadas a ningún creyente.
4. Dios provee los dones para edificar y para ser puestos por causa del ministerio y servicio de la iglesia; no son dados para atraer la atención hacia una persona o satisfacer su ego.
5.  La intención de Dios es que el ministerio de la iglesia sea ejercido a través de los dones espirituales.

Los 7 dones
Sabiduría: Buscar y deleitarse en las cosas de Dios. Nos hará descubrir que lo más importante en la vida es saborear las cosas divinas. Esta sabiduría podríamos compararla con saborear las cosas y misterios de Dios.
·         Entendimiento: Este don nos ayuda a profundizar en los misterios de Dios (Jn 14:26). Comprender la revelación que el Padre nos ha dado.
Toda comprensión de los misterios de Dios procede del entendimiento.
·         Ciencia: Es el que nos ayuda a distinguir entre la importancia que merece el creador y la que merecen sus creaturas. Aquél que posee el don de ciencia nunca dará el primer lugar o tendrá en el centro de su corazón a personas o creaturas ya que este lugar lo ocupa Dios.
El Espíritu de Ciencia nos ayuda a ver que nada creado es superior a su creador.
·         Consejo: Es la capacidad que nos da el Padre para elegir hacer siempre lo que es bueno, lo que más nos conviene, cual opción es la más apropiada y es agradable a los ojos de Dios.
·         Fortaleza: Este don precioso nos es dado para que a pesar de las pruebas y circunstancias difíciles que enfrentemos en la vida, sigamos viviendo nuestra vida de fe con optimismo y esperanza, sin nunca desanimarnos.
Nos ayuda a enfrentar todos los retos y desafíos que aparezcan en nuestro camino y salir victoriosos durante nuestro viaje por la tierra rumbo al cielo.
·         Piedad: Este don es el que nos hace gozarnos en las cosas sagradas. Como la sabiduría, es una aspiración profunda por alcanzarlas y vivir lo eterno, la piedad nos ayuda a regocijarnos en las cosas sagradas.
Un cristiano piadoso, busca siempre estar cerca de Dios, de las actividades de la iglesia. Es el gusto por las cosas santas. (Salmos 27:4)
·         Temor de Dios: Este don no es, como muchos creen, miedo a Dios.
Todo el que ha tenido una vivencia de Dios en su vida sabe que el miedo y temor a Dios y a sus castigos no tienen cabida en su vida. “Tenemos un Dios de amor no de temor.”
Temor de Dios es el miedo a ofenderle, miedo a fallarle, miedo a herirle con nuestros actos.

Oración para pedir los Dones
 “Ven, Espíritu Creador, visita las almas de los fieles; e inunda con tu gracia los corazones que Tú creaste.
Espíritu de Sabiduría, que conoces mis pensamientos más secretos, y mis deseos más íntimos, buenos y malos; ilumíname y hazme conocer lo bueno para obrarlo, y lo malo para detestarlo sinceramente.
Intensifica mi vida interior, por el don de Entendimiento.
Aconséjame en mis dudas y vacilaciones, por el don de Consejo.
Dame la energía necesaria en la lucha contra mis pasiones, por el don de Fortaleza.
Envuelve todo mi proceder en un ambiente sobrenatural, por el don de Ciencia.
Haz que me sienta hijo tuyo en todas las vicisitudes de la vida, y acuda a Ti, cual niño con afecto filial, por el don de Piedad.
Concédeme que Te venere y te ame cual lo mereces; que ande con cautela en el sendero del bien, guiado por el don del santo Temor de Dios; que tema el pecado más que ningún otro mal; que prefiera perderlo todo antes que tu gracia; y que llegue un día a aquella feliz morada, donde Tú serás nuestra Luz y Consuelo, y, cual tierna madre; enjugas “toda lágrima de nuestros ojos”, donde no hay llanto ni dolor alguno, sino eterna felicidad.
 Esto te lo pido, en el nombre de Jesús, amén.”


Los frutos del Espíritu Santo
(Gálatas 5, 19-23)
“Una evidencia clara de que el Espíritu Santo está obrando en la vida de un cristiano, son la manifestación clara de estos dones. Los nueve frutos aparecen en el libro de Gálatas como amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, fidelidad, mansedumbre, bondad y auto control. Los cristianos que tienen estos frutos son capaces de ser testigos efectivos del amor y la justicia de Dios.”

¿Qué son los frutos del Espíritu Santo?
En la teología cristiana, se dice que la cercanía y la acción del Espíritu Santo induce en el alma del ser humano una serie de hábitos beneficiosos que se conocen como «frutos del Espíritu» y que vienen enumerados en la carta a los gálatas.(5, 22-23)
Los frutos son producto de los dones del Espíritu. Los frutos son actos virtuosos y se distinguen por la alegría que causan en quien los realiza.

¿Cuántos son los frutos del Espíritu Santo?
El texto bíblico menciona 9  frutos del Espíritu Santo los cuales son:
Amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio de sí mismo. Pero, la tradición de la Iglesia enumera 12, estos son los siguientes:

·         Caridad: Consiste en amar a Dios y al prójimo
·         Alegría: Es el fruto de este amor y supera todos los goces del mundo
·         Paz: Es el producto de nuestra sumisión a Dios y de la unión con el prójimo.
·         Paciencia: Nos hace soportar cualquier adversidad por amor a Dios.
·         Benignidad: Nos motiva a tratar con cortesía y amabilidad a nuestro prójimo, aunque sea nuestro enemigo
·         Bondad: Nos inclina a hacer el bien a todos, sin distinción
·         Mansedumbre: Nos vuelve indulgentes por las debilidades del prójimo, frena la cólera y nos hace soportar con calma las penas de la vida.
·         Fidelidad: Nos ayuda a mantener nuestra palabra y nos hace evitar cualquier desconfianza, engaño o subterfugio.  
·         Modestia: Nos ayuda a ser sobrios en nuestro diario vivir. A actuar en control de nuestros impulsos.
·         Continencia: Nos hace ponderados, aún en los placeres legítimos y detiene en sus justos límites nuestros sentimientos internos y externos.
·         Castidad: Nos hace reprimir los deseos desordenados de la carne y nos ayuda a mantener la pureza del alma.

ORACIÓN PARA PEDIR LOS FRUTOS
Espíritu de Caridad, haznos amar a Dios y a nuestros semejantes como Tú quieres que los amemos.
Espíritu de Alegría, otórganos la santa alegría, propia de los que viven en tu gracia.
Espíritu de Paz, concédenos tu paz, aquella paz que el mundo no puede dar.
Espíritu de Paciencia, enséñanos a sobrellevar las adversidades de la vida sin indagar el porqué de ellas y sin quejarnos.
Espíritu de Benignidad, haz que juzguemos y tratemos a todos con benevolencia sincera y rostro sonriente, reflejo de tu infinita suavidad.
Espíritu de Bondad, concédenos el desvivirnos por los demás, y derramar a manos llenas, cuantas obras buenas nos inspires.
Espíritu de Longanimidad (serenidad), enséñanos a soportar las molestias y flaquezas de los demás, como deseamos soporten las nuestras.
Espíritu de Mansedumbre, haznos mansos y humildes de corazón, a ejemplo del Divino Corazón de Jesús, obra maestra de la creación.
Espíritu de Fidelidad, otórganos el no vacilar en nuestra fe, y vivir siempre de acuerdo con las enseñanzas de Cristo, e iluminados por tus santas inspiraciones.
Espíritu de Modestia, enséñanos a ser recatados con nosotros mismos, a fin de no servir nunca de tentación a los demás.
 Espíritu de Continencia, haznos puros y limpios en nuestra vida interior, y enérgicos en rechazar cuanto pudiera manchar el vestido blanco de la gracia.
 Espíritu de Castidad, concédenos la victoria sobre nosotros mismos; haznos prudentes y castos; sobrios y mortificados; perseverantes en la oración y amantes de Ti, oh Dios del Amor hermoso.
Todo lo pedimos en el nombre de Jesús, Amén.”


Gabriel A. Salgado P.

La Tarea de Educar a los Hijos en Medio de un Mundo Permisivo



Ninguno de nosotros a estado ajeno a la experiencia de haber sido testigos de haber visto alguna vez a un niño pedir con insistencia y rabietas un juguete que la madre no tiene en sus planes comprarle, o verle empeñado en correr y jugar  aún cuando sus padres tratan desesperadamente que se esté quieto. De lo único que podemos estar seguros es que en esas situaciones, los padres sólo quieren lo mejor para sus hijos. Pero, ante los constantes berrinches y pataletas, con demasiada frecuencia acaban por ceder ante la presión de sus hijos y su negativa acaba en un sí.

A lo largo y ancho de este mundo, muchos padres creen que para criar bien a los hijos hay que darles prácticamente todo lo que ellos piden.

Hace poco, se realizó una encuesta en Estados Unidos a 750 adolescentes entre 12 y 17 años. Frente a la pregunta ¿Qué hacen para conseguir lo que quieren, cuando sus progenitores les niegan algo?, casi el 60% contestó que sólo tenían que insistir e insistir en pedirlo. Es decir que ellos habían descubierto que esta táctica funcionaba la mayor parte de las veces. Puede que sus padres crean que esa permisividad en una muestra de amor sin mayores consecuencias, pero ¿lo es realmente?

Mimar a un niño y darle todo lo que quiere puede hacer que con el tiempo se convierta en un adulto ingrato, caprichoso y testarudo. Eso lo sabe Dios y nos lo advierte en su palabra:
“…El niño dejado a sus caprichos es vergüenza a su madre”. (Proverbios 29,15b)
Dios nos quiere socorrer frente a nuestro desafió como padres en el mundo actual y en su palabra podemos encontrar sus sabios consejos para hacer frente a este reto. Partamos analizando un sabio proverbio: “Corrige a tu hijo, te ahorrará inquietudes y hará la felicidad de tu alma”. (Proverbios 29,17)

  
¿Cómo actúa un padre sensato que quiere el bien de sus hijos?

Todo padre sensato pondrá en practica el proverbio anterior: Para ello establecerá con sus hijos reglas claras, consecuentes y razonables, y las hará cumplir. No existe nada que confunda y cause mas daño a los niños y adolescentes que hogares sin reglas claras que regulen la vida en su interior. Los hijos deben tener claro cuales son sus deberes y derechos; que es lo que ellos pueden esperar y lo que de ellos se espera.

No confunde amor con permisividad: No recompensa a los niños para que paren de lloriquear, protestar o como medida de solución frente a sus rabietas. Si les da algo, no es fruto de sus presiones o como forma de controlarlos.

Los hijos como flechas en nuestras manos
Ahora analizaremos un ejemplo bíblico que nos permitirá ahondar más en la visión de Dios frente a la relación entre padres e hijos y en donde se destaca que los hijos necesitan la guía de sus padres. El pasaje que nos habla de esto es el Salmo 127: 3, 4,5: “Son los hijos regalo del Señor y es el fruto del vientre, premio suyo; como flechas en manos del guerrero son los hijos tenidos cuando joven. Feliz el hombre que con tales flechas ha llenado su aljaba…”.

Podemos apreciar que metafóricamente los hijos son comparados a flechas, y a su padre, con un guerrero poderoso. Como un buen arquero sabe que las flechas no dan en el blanco esperado, por si solas, del mismo modo, los padres ocupados de sus rol de tales, comprenden que la educación de los hijos no puede dejarse al azar. Su “blanco” es que sus hijos alcancen los mejores objetivos: que lleguen a ser adultos responsables y plenos. El blanco de estos padres es que sus hijos logren las mejores metas, tomen buenas decisiones, sean sabios, se eviten problemas innecesarios, no se detengan frente a las dificultades. Lamentablemente no siempre ocurre lo que un buen padre quiere.

Basándonos en el Salmo 127:3, 4,5, podemos descubrir que este nos propone 3 pasos necesarios, para lograr los mejores objetivos con nuestros hijos. Es por ello que los analizaremos con sumo cuidado.

Paso 1. Preparar la flecha con cuidado
Situándonos imaginariamente en los tiempos bíblicos, cuando fue escrito este salmo, los arqueros se preparaban sus flechas con mucho cuidado. La varilla, tomada de una madera liviana, se tallaba a mano tratando que quedara lo más recta posible. La punta metálica, era limada hasta que alcanzara el máximo filo. En el extremo posterior se ataban plumas escogidas para estabilizar y mantener el vuelo y rumbo escogido de la flecha.

Los padres aspiramos que nuestros hijos sean como esas flechas: rectos, sin que haya nada torcido en ellos. Para ello debemos pulir y corregir las faltas graves que encontremos en ellos. Con amor debemos ayudarles a luchar contra ellas y a esforzarse en superarlas. Esta es una tarea enorme, ya queLa tontería está anclada en el corazón del muchacho, el azote de la instrucción lo libera”. (Proverbios 22:15) Por esto la Biblia exhorta a los padres a que disciplinen a sus hijos “…Y ustedes padres, no irriten a sus hijos, sino que para educarlos, usen las correcciones y advertencias que puede inspirar el Señor” (efesios 6:4). La disciplina desempeña un rol fundamental en la formación y fortalecimiento de la mentalidad y del carácter de los niños.

La Biblia refuerza el rol de la disciplina en la formación de nuestros hijos, pues proverbios 13:24 sostiene: “El que ahorra el castigo a su hijo no lo quiere; el que lo ama se esmera en enderezarlo”. En este contexto, el castigo al que se refiere la palabra es un método de corrección, sin importar la forma que adopte. El objetivo de reprender con bondad a nuestros hijos debe ser intentar corregir defectos que les puedan causar problemas cuando adultos.
Desde esta perspectiva, el ahorrar la disciplina a que se refiere el texto, equivale a odiar a nuestros hijos, pues sabemos el fin que tendrán con esos defectos y aún así, no hacemos nada por evitarlo. Por el contrario, cuando les corregimos estamos efectuando un acto de amor por ellos ya que así le evitamos hoy, un mal en su futuro.

Disciplinar no implica dar órdenes e imponer castigos, sino que asegurarse de que ellos entiendan bien las cosas.

Las plumas que el arquero ata a sus flechas hacen que estas vuelen rectamente una vez que salen del arco. Parecido sucede con las enseñanzas que Dios nos ha dejado en su palabra. Estas pueden ayudar, fortalecer y acompañar a nuestros hijos toda su vida. Pero, ¿cómo podemos los padres asegurarnos que las enseñanzas bíblicas queden firmemente atadas a nuestros hijos?  Dios nos aconseja: “Graba en tu corazón los mandamientos que yo te entrego hoy, repíteselos a tus hijos, habla de ellos tanto en casa como cuando viajes, cuando te acuestes y cuando te levantes…”  (Deuteronomio: 6:7,8 a). En vista de lo anterior, debemos hacer 2 cosas: 1.- Como padres, tenemos que estudiar la palabra de Dios y dejarnos guiar por El en todos los momentos y ámbitos de nuestra vida. 2.- Así, podremos cumplir cabalmente la segunda parte del texto que es inculcar estos valores en ellos para que se graben en su corazón más que con palabras, con nuestros hechos de vida.

Paso 2. Proteger las Flechas
El guerrero llenó su aljaba de flechas. Cuando estas estuvieron listas, había que protegerlas, para lo cual el guerrero las puso en su aljaba, donde no podían dañarse ni romperse fácilmente. Incluso la persona de Jesús es comparada en la Biblia con la figura de una flecha que el Padre ocultó en su propia aljaba.”Hizo de mi boca una espada cortante y me escondió debajo de su mano. Hizo de mí una flecha puntiaguda y me guardó en la caja para las flechas” (Isaías: 49:2). El mismo Dios, el padre más amoroso del universo protegió de todo mal a su hijo Jesús y aún en el trance de la crucifixión y la muerte misma, no lo abandonó. Aún más, le, arrebató de las garras de la muerte y le dio la victoria sobre ella y sobre las tinieblas.

Así mismo, los buenos padres se preocupan de proteger a sus hijos de los peligros de este mundo decadente, no dudando en prohibirles ciertas actividades que pudieran exponerles sin necesidad a malas influencia: “No se dejen engañar: las malas influencias corrompen las buenas costumbres.” (1corintios:15,33).

Seamos sinceros, muchas veces nuestro afán protector no es apreciado por nuestros hijos. Incluso, ellos lo ven como imposiciones sin sentido y restricciones a su libertad, ya que a menudo proteger a nuestros niños significa negarles alguna cosa que les resulta atractiva.
Pero, aunque ellos no lo demuestren abiertamente, los niños valoran cuando sus padres le entregan una estructura segura y predecible en la vida. Y esto se logra si actuamos con autoridad y establecemos límites claros a su conducta.

Paso 3. Dirigiendo la Flecha
 El Salmo 127:4, que nos ha servido como base para este estudio, compara la figura del padre con un “hombre poderoso”, pero aunque durante todo este estudio hemos estado hablando de la figura paterna respecto a la educación de los hijos, en modo alguno significa  que sólo el varón puede ejercer eficazmente el papel de formador de los hijos. El principio que subyace tras los textos bíblicos en donde se toma la figura del hombre es aplicable a padres y madres por igual:”Escucha hijo mío, la instrucción de tu padre y no rechaces las advertencias de tu madre”. (Proverbios 1:8). La expresión “hombre poderoso”, antes mencionada, sugiere que hace falta mucha fortaleza para disparar una flecha con arco. En tiempos bíblicos, los arcos estaban comúnmente recubiertos con cobre y los soldados muchas veces tenían que sujetarlos con los pies para poder tensar la cuerda con ambas manos. Sin ninguna duda se necesitaba mucha energía y esfuerzo tensar el arco y disparar las flechas hacia el blanco escogido.

Así mismo, educar a los hijos también exige un esfuerzo considerable. Están enormemente equivocados aquellos “especialistas” que aconsejan a los padres dejar a los niños y jóvenes ser, sin ponerles trabas para que no crezcan con traumas como nosotros los mayores. Eso es una gran mentira que no debemos escuchar ni menos poner en práctica por el bien de nuestros niños. Algo debemos tener claro: Los niños no pueden criarse a su voluntad, así mismo como una flecha no puede lanzarse ella sola hacia el blanco.

Es lamentable que en nuestros tiempos muchos padres no parezcan tener el tiempo ni la disposición para realizar el esfuerzo necesario. Lamentablemente, somos millones los padres que seguimos el camino fácil y dejamos que la televisión, la escuela y los amigos sean los que instruyan a sus hijos en cuestiones de conducta, moralidad, sexo, etc. Otros tantos permiten a sus hijos tener todo cuanto quieran para evitarse la molestia que implicaría negarles algo, justificando su actitud en el viejo discurso de no querer herir los sentimientos de sus hijos o en frases como: “Mientras pueda hacerlo, le doy a mi hijo todo lo que nunca yo pude tener”. Con esta permisividad, el padre que así actúa, le está provocando a su hijo un daño cuyos efectos no se aprecian en el momento, sino que se comienzan a evidenciar con el transcurrir del tiempo.

La revista especializada en temas de familia parents, en un artículo relacionado con este tema, plantea: “Los niños criados por padres amorosos y que hacen valer su autoridad (los que apoyan a sus hijos pero les ponen límites definidos), sobresalen académicamente, desarrollan mejores habilidades sociales, se sienten satisfechos consigo mismos y son, por regla general, más felices que los niños cuyos padres son demasiando blandos o excesivamente severos”. Confirma esto, una sabia reflexión que hace ya un tiempo, escuché a alguien emitir: “Los hijos son como el jabón mojado: si lo dejas demasiado suelto cae de tu mano; pero si lo aprietas demasiado fuerte salta aún mas lejos”.

Conclusión
Es lícito preguntarnos respecto a si ¿tendremos una garantía de éxito si seguimos todos los pasos vistos? La respuesta es: no necesariamente, pues los hijos tienen su propio libre albedrío, y cuando crezcan tomarán sus propias decisiones. Pero, aunque ocurra lo peor, si educamos a nuestros hijos según la visión de Dios, estaremos creando las circunstancias más favorables para obtener un resultado maravilloso: verlos convertidos en adultos responsables y realizados.


"¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6).

Mensaje Pascual del Papa Francisco y bendición urbi et orbi 2016
Introducción
Ayer domingo 27 de Marzo  2016 a las 05:27 am, el Papa Francisco presidió la Misa de la Pascua de Resurrección  en la Plaza de San Pedro, en Vaticano. El Pontífice no tuvo homilía puesto que después leyó su Mensaje Pascual e impartió la tradicional bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo) desde el balcón central de la Basílica.
En este mensaje, el, el Pontífice, manifestó que “sólo Dios puede llenar con su amor este vacío, estas fosas, y hacer que no nos hundamos, y que podamos seguir avanzando juntos hacia la tierra de la libertad y de la vida”.
El también repasó algunos de los conflictos que se viven en la actualidad, como los de Ucrania, Burundi, y Oriente Medio, ofreció su “cercanía a las víctimas del terrorismo, esa forma ciega y brutal de violencia que no cesa de derramar sangre inocente en diferentes partes del mundo, como ha ocurrido en los recientes atentados en Bélgica”, y habló de los cristianos perseguidos.
“Con nuestros hermanos y hermanas perseguidos por la fe y por su fidelidad al nombre de Cristo, y ante el mal que parece prevalecer en la vida de tantas personas, volvamos a escuchar las palabras consoladoras del Señor: No tengáis miedo. ¡Yo he vencido al mundo!”.
A continuación, reproducimos el texto completo del mensaje pascual 2016:

Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz Pascua!
Jesucristo, encarnación de la misericordia de Dios, ha muerto en cruz por amor, y por amor ha resucitado. Por eso hoy proclamamos: ¡Jesús es el Señor!

Su resurrección cumple plenamente la profecía del Salmo: «La misericordia de Dios es eterna», su amor es para siempre, nunca muere. Podemos confiar totalmente en él, y le damos gracias porque ha descendido por nosotros hasta el fondo del abismo.

Ante las simas espirituales y morales de la humanidad, ante al vacío que se crea en el corazón y que provoca odio y muerte, solamente una infinita misericordia puede darnos la salvación. Sólo Dios puede llenar con su amor este vacío, estas fosas, y hacer que no nos hundamos, y que podamos seguir avanzando juntos hacia la tierra de la libertad y de la vida.

El anuncio gozoso de la Pascua: Jesús, el crucificado, «no está aquí, ¡ha resucitado!» (Mt 28,6), nos ofrece la certeza consoladora de que se ha salvado el abismo de la muerte y, con ello, ha quedado derrotado el luto, el llanto y la angustia (cf. Ap 21,4). El Señor, que sufrió el abandono de sus discípulos, el peso de una condena injusta y la vergüenza de una muerte infame, nos hace ahora partícipes de su vida inmortal, y nos concede su mirada de ternura y compasión hacia los hambrientos y sedientos, los extranjeros y los encarcelados, los marginados y descartados, las víctimas del abuso y la violencia. El mundo está lleno de personas que sufren en el cuerpo y en el espíritu, mientras que las crónicas diarias están repletas de informes sobre delitos brutales, que a menudo se cometen en el ámbito doméstico, y de conflictos armados a gran escala que someten a poblaciones enteras a pruebas indecibles.

Cristo resucitado indica caminos de esperanza a la querida Siria, un país desgarrado por un largo conflicto, con su triste rastro de destrucción, muerte, desprecio por el derecho humanitario y la desintegración de la convivencia civil. Encomendamos al poder del Señor resucitado las conversaciones en curso, para que, con la buena voluntad y la cooperación de todos, se puedan recoger frutos de paz y emprender la construcción una sociedad fraterna, respetuosa de la dignidad y los derechos de todos los ciudadanos. Que el mensaje de vida, proclamado por el ángel junto a la piedra removida del sepulcro, aleje la dureza de nuestro corazón y promueva un intercambio fecundo entre pueblos y culturas en las zonas de la cuenca del Mediterráneo y de Medio Oriente, en particular en Irak, Yemen y Libia. Que la imagen del hombre nuevo, que resplandece en el rostro de Cristo, fomente la convivencia entre israelíes y palestinos en Tierra Santa, así como la disponibilidad paciente y el compromiso cotidiano de trabajar en la construcción de los cimientos de una paz justa y duradera a través de negociaciones directas y sinceras. Que el Señor de la vida acompañe los esfuerzos para alcanzar una solución definitiva de la guerra en Ucrania, inspirando y apoyando también las iniciativas de ayuda humanitaria, incluida la de liberar a las personas detenidas.

Que el Señor Jesús, nuestra paz (cf. Ef 2,14), que con su resurrección ha vencido el mal y el pecado, avive en esta fiesta de Pascua nuestra cercanía a las víctimas del terrorismo, esa forma ciega y brutal de violencia que no cesa de derramar sangre inocente en diferentes partes del mundo, como ha ocurrido en los recientes atentados en Bélgica, Turquía, Nigeria, Chad, Camerún y Costa de Marfil; que lleve a buen término el fermento de esperanza y las perspectivas de paz en África; pienso, en particular, en Burundi, Mozambique, la República Democrática del Congo y en el Sudán del Sur, lacerados por tensiones políticas y sociales.

Dios ha vencido el egoísmo y la muerte con las armas del amor; su Hijo, Jesús, es la puerta de la misericordia, abierta de par en par para todos. Que su mensaje pascual se proyecte cada vez más sobre el pueblo venezolano, en las difíciles condiciones en las que vive, así como sobre los que tienen en sus manos el destino del país, para que se trabaje en pos del bien común, buscando formas de diálogo y colaboración entre todos. Y que se promueva en todo lugar la cultura del encuentro, la justicia y el respeto recíproco, lo único que puede asegurar el bienestar espiritual y material de los ciudadanos.

El Cristo resucitado, anuncio de vida para toda la humanidad que reverbera a través de los siglos, nos invita a no olvidar a los hombres y las mujeres en camino para buscar un futuro mejor. Son una muchedumbre cada vez más grande de emigrantes y refugiados —incluyendo muchos niños— que huyen de la guerra, el hambre, la pobreza y la injusticia social. Estos hermanos y hermanas nuestros, encuentran demasiado a menudo en su recorrido la muerte o, en todo caso, el rechazo de quienes podrían ofrecerles hospitalidad y ayuda.

Que la cita de la próxima Cumbre Mundial Humanitaria no deje de poner en el centro a la persona humana, con su dignidad, y desarrollar políticas capaces de asistir y proteger a las víctimas de conflictos y otras situaciones de emergencia, especialmente a los más vulnerables y los que son perseguidos por motivos étnicos y religiosos.

Que, en este día glorioso, «goce también la tierra, inundada de tanta claridad» (Pregón pascual), aunque sea tan maltratada y vilipendiada por una explotación ávida de ganancias, que altera el equilibrio de la naturaleza. Pienso en particular a las zonas afectadas por los efectos del cambio climático, que en ocasiones provoca sequía o inundaciones, con las consiguientes crisis alimentarias en diferentes partes del planeta.

Con nuestros hermanos y hermanas perseguidos por la fe y por su fidelidad al nombre de Cristo, y ante el mal que parece prevalecer en la vida de tantas personas, volvamos a escuchar las palabras consoladoras del Señor: «No tengáis miedo. ¡Yo he vencido al mundo!» (Jn 16,33). Hoy es el día brillante de esta victoria, porque Cristo ha derrotado a la muerte y su resurrección ha hecho resplandecer la vida y la inmortalidad (cf. 2 Tm 1,10). «Nos sacó de la esclavitud a la libertad, de la tristeza a la alegría, del luto a la celebración, de la oscuridad a la luz, de la servidumbre a la redención. Por eso decimos ante él: ¡Aleluya!» (Melitón de Sardes, Homilía Pascual).

A quienes en nuestras sociedades han perdido toda esperanza y el gusto de vivir, a los ancianos abrumados que en la soledad sienten perder vigor, a los jóvenes a quienes parece faltarles el futuro, a todos dirijo una vez más las palabras del Señor resucitado: «Mira, hago nuevas todas las cosas... al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente» (Ap 21,5-6). Que este mensaje consolador de Jesús nos ayude a todos nosotros a reanudar con mayor vigor la construcción de caminos de reconciliación con Dios y con los hermanos.

                                     ¡¡¡Feliz pascua de Resurrección!!!

Source: ACIprensa
Gabriel A. Salgado P.