La vida es hermosa si tienes a Dios contigo

Hermanos y Amigos

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Mensaje de Domingo de la Pasión del Señor (domingo de ramos)





Amigos y hermanos: A continuación reproduzco para todos aquellos que no escucharon  y para los que quieren volver a revivir las palabras expresadas por nuestro hermano el  Papa Francisco, el domingo recién pasado, cuando presidió a las 6:00 de la mañana la celebración de las Palmas y la Pasión del Señor desde la Plaza de San Pedro, donde se reunieron miles de fieles.

En su homilía, el Pontífice aseguró que:
 “la Liturgia de hoy nos enseña que el Señor no nos ha salvado con una entrada triunfal o mediante milagros poderosos”.
Además:
“Pero si queremos seguir al Maestro, más que alegrarnos porque el viene a salvarnos, estamos llamados a elegir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo”, señaló.

El mensaje dice así:
« ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» (Cf. Lc 19,38), gritaba la muchedumbre de Jerusalén acogiendo a Jesús. Hemos hecho nuestro aquel entusiasmo, agitando las palmas y los ramos de olivo hemos expresado la alabanza y el gozo, el deseo de recibir a Jesús que viene a nosotros. Del mismo modo que entró en Jerusalén, desea también entrar en nuestras ciudades y en nuestras vidas. Así como lo ha hecho en el Evangelio, cabalgando sobre un simple pollino, viene a nosotros humildemente, pero viene «en el nombre del Señor»: con el poder de su amor divino perdona nuestros pecados y nos reconcilia con el Padre y con nosotros mismos. Jesús está contento de la manifestación popular de afecto de la gente, y ante la protesta de los fariseos para que haga callar a quien lo aclama, responde: «si estos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,40). Nada pudo detener el entusiasmo por la entrada de Jesús; que nada nos impida encontrar en él la fuente de nuestra alegría, de la alegría auténtica, que permanece y da paz; porque sólo Jesús nos salva de los lazos del pecado, de la muerte, del miedo y de la tristeza.

Sin embargo, la Liturgia de hoy nos enseña que el Señor no nos ha salvado con una entrada triunfal o mediante milagros poderosos. El apóstol Pablo, en la segunda lectura, sintetiza con dos verbos el recorrido de la redención: «se despojó» y «se humilló» a sí mismo (Fil 2,7.8). Estos dos verbos nos dicen hasta qué extremo ha llegado el amor de Dios por nosotros. Jesús se despojó de sí mismo: renunció a la gloria de Hijo de Dios y se convirtió en Hijo del hombre, para ser en todo solidario con nosotros pecadores, él que no conoce el pecado. Pero no solamente esto: ha vivido entre nosotros en una «condición de esclavo» (v. 7): no de rey, ni de príncipe, sino de esclavo. Se humilló y el abismo de su humillación, que la Semana Santa nos muestra, parece no tener fondo.

El primer gesto de este amor «hasta el extremo» (Jn 13,1) es el lavatorio de los pies. «El Maestro y el Señor» (Jn 13,14) se abaja hasta los pies de los discípulos, como solamente hacían lo siervos. Nos ha enseñado con el ejemplo que nosotros tenemos necesidad de ser alcanzados por su amor, que se vuelca sobre nosotros; no puede ser de otra manera, no podemos amar sin dejarnos amar antes por él, sin experimentar su sorprendente ternura y sin aceptar que el amor verdadero consiste en el servicio concreto.

Pero esto es solamente el inicio. La humillación que sufre Jesús llega al extremo en la Pasión: es vendido por treinta monedas y traicionado por un beso de un discípulo que él había elegido y llamado amigo. Casi todos los otros huyen y lo abandonan; Pedro lo niega tres veces en el patio del templo. Humillado en el espíritu con burlas, insultos y salivazos; sufre en el cuerpo violencias atroces, los golpes, los latigazos y la corona de espinas desfiguran su aspecto haciéndolo irreconocible. Sufre también la infamia y la condena inicua de las autoridades, religiosas y políticas: es hecho pecado y reconocido injusto. Pilato lo envía posteriormente a Herodes, y este lo devuelve al gobernador romano; mientras le es negada toda justicia, Jesús experimenta en su propia piel también la indiferencia, pues nadie quiere asumirse la responsabilidad de su destino. El gentío que apenas unos días antes lo aclamaba, transforma las alabanzas en un grito de acusación, prefiriendo incluso que en lugar de él sea liberado un homicida. Llega de este modo a la muerte en cruz, dolorosa e infamante, reservada a los traidores, a los esclavos y a los peores criminales. La soledad, la difamación y el dolor no son todavía el culmen de su anonadamiento. Para ser en todo solidario con nosotros, experimenta también en la cruz el misterioso abandono del Padre. Sin embargo, en el abandono, ora y confía: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46).

Suspendido en el patíbulo, además del escarnio, afronta también la última tentación: la provocación a bajar de la cruz, a vencer el mal con la fuerza, y a mostrar el rostro de un Dios potente e invencible. Jesús en cambio, precisamente aquí, en el culmen del anonadamiento, revela el rostro auténtico de Dios, que es misericordia. Perdona a sus verdugos, abre las puertas del paraíso al ladrón arrepentido y toca el corazón del centurión. Si el misterio del mal es abismal, infinita es la realidad del Amor que lo ha atravesado, llegando hasta el sepulcro y los infiernos, asumiendo todo nuestro dolor para redimirlo, llevando luz donde hay tinieblas, vida donde hay muerte, amor donde hay odio.
Nos pude parecer muy lejano a nosotros el modo de actuar de Dios, que se ha humillado por nosotros, mientras a nosotros nos parece difícil olvidarnos un poco de nosotros mismos. Él renunció a sí mismo por nosotros; ¡Cuánto nos cuesta a nosotros renunciar a alguna cosa por él y por los otros! Pero si queremos seguir al Maestro, más que alegrarnos porque el viene a salvarnos, estamos llamados a elegir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo. Podemos aprender este camino deteniéndonos en estos días a mirar el Crucifijo, la “catedra de Dios”, para aprender el amor humilde, que salva y da la vida, para renunciar al egoísmo, a la búsqueda del poder y de la fama. Estamos atraídos por las miles vanas ilusiones del aparentar, olvidándonos de que «el hombre vale más por lo que es que por lo que tiene» (Gaudium et spes, 35); con su humillación, Jesús nos invita a purificar nuestra vida. Volvamos a él la mirada, pidamos la gracia de entender algo de su anonadación por nosotros; reconozcámoslo Señor de nuestra vida y respondamos a su amor infinito con un poco de amor concreto.
Gabriel A. Salgado P.
Source: ACI prensa

tiempodealabanza@gmail.com


¿Qué es la Cuaresma?

Estoy cierto que, lamentablemente,  hay muchísimos católicos que ignoran que es la cuaresma y lo que los fieles celebramos con ella.

Por este motivo es que escribí este pequeño artículo para que tú amigo y hermano lector refresques tu memoria y vivas con intensidad este tiempo que vive la iglesia en todo el mundo.

Lo primero que debemos saber es que la palabra cuaresma, viene del latín “cuadragésimo” esto  el “cuadragésimo día antes de la pascua”. Su práctica data del siglo IV, cuando se da la tendencia a establecerla en un tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia.

La Cuaresma es un periodo del tiempo litúrgico que dura 40 días; comienza el miércoles de ceniza y termina el domingo de ramos o lo que se sería más apropiado decir “Domingo de la pasión del Señor”.

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. 40 días duró el diluvio, 40 años marchó el pueblo judío por el desierto, 40 días estuvieron Moisés y Elías en la montaña, 40 días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública. 

En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, en donde persisten las pruebas y dificultades.
Este año 2016, la celebración  comienza el 14 de febrero y finaliza el domingo de la pasión del Señor (20 de Marzo). Las temáticas de las lecturas bíblicas durante este periodo se basan en los tópicos de la conversión, el pecado, la penitencia y el perdón.

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión. Por ello, el color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Ella nos ofrece la posibilidad de hacer un alto en nuestro caminar, ver nuestro proceder y si hay algo que cambiar, tomar las medidas del caso poder vivir más cerca de Cristo y en armonía con nuestros semejantes. Durante este periodo, la iglesia nos invita a restablecer los lazos de amor con el Padre Celestial dañados durante el año por el pecado para para vivir en plenitud la gran fiesta de la Pascua.

Este no es un tiempo triste y gris como muchos pudieran pensar, sino que  más bien es un periodo en que Dios y la iglesia nos invitan a recogernos, a orar, hacer penitencia y meditar acerca de nuestra vida, nuestros actos  y de los eventos que nuestro salvador Jesucristo protagonizará muy pronto para nuestra salvación y para reconciliar al mundo con el Padre.

Así, amigos y hermanos, la invitación es para que vivamos con un corazón dispuesto esta cuaresma. Redescubramos  y apreciemos la entrega de Jesús por ti y por mí en la cruz del calvario y con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.

Gabriel A. Salgado P.


Pentecostés


Amigos y hermanos: esta pequeña reflexión tuve el agrado de compartirla hace un tiempo atrás en una comunidad de mi ciudad y que hemos denominado "Pentecostés, sus orígenes y la relevancia que tiene para la iglesia de Jesús" y que ahora siento compartir también con ustedes.


Pentecostés
"...Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes, les  oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto. Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo  dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán."  Hchs 2,1-19

¿Qué era la fiesta de Pentecostés?
Pentecostés o Shavuot era: Una fiesta de los judíos instituida en memoria de la ley que Dios les dio en el monte Sinaí, que se celebraba 50 días después de la Pascua del Cordero.

Por otro lado, esta celebración y esta palabra debieran ser lo que nos llamara más la atención a nosotros los carismáticos por los eventos que en él sucedieron y por la irrupción en la historia del prometido por el mismo Jesucristo poco antes de su partida “El Espíritu Santo”. De hecho, la experiencia carismática debiera ser un continuo y permanente Pentecostés.
La reflexión de hoy estará basada en 4 frases claves del texto que nos entregarán una enseñanza tan actual como el día en que tuvieron lugar estos eventos:

1.- Estaban todos unánimes juntos. ( con ellos María – primera comunidad)
2.- Todos llenos del Espíritu Santo
 3.-  Hecho este estruendo, se juntó la multitud.
4.- Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló

 Ambiente en Jerusalén
a) Pre- Pentecostés:
  • Jerusalén está llena, de judíos llegados de todos los rincones de la tierra a celebrar las fiestas “Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes”.
  • Los discípulos están encerrados “Orando” desde hace días (Sin duda, obedeciendo el mandato de Jesús). Hchs1: 3-5  “Después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca 4 del reino de Dios. Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la  cual, les dijo oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo  dentro de no muchos días”. 
b) Día de Pentecostés:
  • Los discípulos están Reunidos en Oración con la Madre de Jesús. Ellos constituyen la primera comunidad cristiana.
  • Irrupción del Espíritu Santo.
  • Salida del encierro
  • Predicación de Pedro y conversión de muchos
1.- Estaban todos unánimes juntos.
Es importante detenernos en este punto y descubrir que enseñanza nos deja esta palabra. Especialmente hoy que estamos celebrando la fiesta de Pentecostés y orando por un nuevo pentecostés para nosotros. ¿O no queremos un nuevo pentecostés?
·         No hay espacio para las divisiones, rencillas, faltas De perdón. Todos tienen un solo objetivo: Oran por la llegada de la gran promesa.
·         Oración con la Madre de Jesús. Ellos constituyen la primera comunidad cristiana).
·         Aunque todo parecía adverso, ellos oraban. Aunque la duda a veces les acechaba y veían tan remota y extraña la promesa de Jesús, ellos no dejaban de orar.
En medio de las dudas que a diario nos acechan. Cuando nos visitan la angustia y el dolor, o cuando la enfermedad y la muerte llegan a nuestro lado ¿Nos mantenemos firmes en la oración como los discípulos que esperan por la gran promesa de Jesús o nos dejamos vencer por la contrariedad?

Y ¿Qué hacía la comunidad? Oraba, llevaban semanas  en esta actitud: Orar y esperar, orar y esperar. ¡Y qué sorpresa le tenía preparada el Padre! Y es que cuando la comunidad se reúne en un mismo lugar y ora, Dios responde.
2.- Todos llenos del Espíritu Santo
¿Que vivió la comunidad en Pentecostés?: “De repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.”
·         “Aparecen lenguas de Fuego (el fuego que purifica y transforma), que se posan sobre cada uno de los presentes sin distinción, El Espíritu Santo los unge a todos.  Es el poder y presencia de Dios (Isaías 66,15).
·         Todos quedaron “Llenos” del Espíritu Santo no hay espacios para las dudas, los temores, pasiones, debilidades, pecado, depresiones, angustias, rencillas, satanás. NO HAY ESPACIO PARA NADA MÁS-

3.-  Hecho este estruendo, se juntó la multitud. …
De pronto, algo que escapa al del control del hombre irrumpe en el lugar. Cuando Dios quiere sorprende actuando libre y soberanamente.

¡¡La gran promesa por fin ha llegado. El Santo Espíritu imponente y todopoderoso se presenta en medio de esta oración!!

4.- Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló
·         Pentecostés es indica el comienzo de iglesia del Señor en la tierra.
·         No es un evento lejano y que quedó enraizado en los pliegues del pasado, es y debe ser una realidad tan efectiva y actual como la vivida por los discípulos.
·         Muchos cristianos estamos viviendo la acción poderosa del Espíritu Santo en nuestras vidas y en medio de nuestras  comunidades.
·         Pentecostés fue sólo el comienzo de la acción y misión poderosa del Paráclito en la tierra y que no se detendrá hasta la venida de nuestro salvador Jesús.
·         El Espíritu Santo es el que ha mantenido la acción de la iglesia desde sus inicios y la que por su gracia puede decir que se ha mantenido firme por más de 2.000 años.

¿Quieres un cambio en tu vida; vivir tu propio pentecostés? :

1.- Confiesa tus pecados a Dios, y el que es rico en misericordia te dará la paz.

2.- Perdona a quienes te han dañado y perdónate a ti mismo.

3.- Congregarte, los discípulos lo recibieron cuando estaban reunidos en oración.


¡¡¡FELIZ PENTECOSTÉS!!!

¡Cristo ha resucitado!


«Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo» (Sal 117). El salmo lo declara con alegría y en verdad la noticia no es para tomarla a la ligera. Jesús el Señor ha resucitado. Amigos y hermanos este es el misterio central del cristianismo. San Pablo lo declara al decir que si Jesús no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe (1 Cor 15,14-20). Si Él no hubiera resucitado todo el que hacer del creyente se reduciría a nada. Vano sería ir a la Iglesia y buscarlo en la congregación de los fieles; Inútil sería buscarlo en la oración. Su sola entrega por nosotros en la cruz no nos habría reconciliado con el Padre celestial. Sin resurrección, Jesús no habría pasado a ser más que un dato histórico  sin mayor relevancia y habría sido otro genio loco que se creyó ser Dios. Todo el plan del Padre para reconciliarnos con EL habría quedado reducido a nada.

Es por ello que todo cristiano debe estar lleno de alegría y gozo: «Jesús ha resucitado, ¡Aleluya! No busquéis entre los muertos al que vive». Esta es la gran noticia que la iglesia, a lo largo de veinte siglos, no ha dejado de anunciar. La Resurrección de Jesús no es un hecho legendario o simbólico, sino real.  


Amigos y hermanos: Demos gloria a Dios por esta  nueva muestra de su amor. Jesús, nuestra esperanza está vivo y con El, la esperanza de una vida futura a su lado debe fortalecernos, porque el resucitado nos abre de par en par las puertas del cielo en dónde, como dice San Agustín, «veremos y gozaremos, gozaremos y amaremos. Este será el fin sin fin».

Que esta verdad renueve nuestras fuerzas para enfrentar el día a día en nuestro trabajo y familia; ante la enfermedad y el dolor que puedas estar sufriendo hoy.


“Alégrate y gózate conmigo amigo y hermano”. La muerte ya no tiene poder sobre nosotros, porque nuestro salvador la ha vencido. “Feliz Pascua de Resurrección”




Gabriel A. Salgado
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