La vida es hermosa si tienes a Dios contigo

Hermanos y Amigos

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5 Pasos para formar parte de la familia de Dios


Queridos amigos y hermanos: Muchas veces en mi caminar con el Señor, me he sentido angustiado con la idea de no saber si mi vida y forma de proceder están siendo del agrado del Maestro o no. Y esta duda se agranda cuando me encuentro con hermanos que tienen una visión del Padre, como un Dios severo y castigador, que nos mira cada instante en búsqueda del menor error para castigarnos y restar puntos para entrar al cielo.



En lo personal, creo que por méritos nadie puede entrar a la presencia del Padre ni mucho menos formar parte de su familia…Todo deviene de su misericordia y su plan de salvación para con nosotros sus hijos es que dependamos enteramente de EL. Esta premisa es simple, pero nosotros los hombres  nos encargamos de complicar las cosas y más aún las espirituales.  Es por ello que te invito a que te tomes un momento para reflexionar y re descubrir que hay:







1. Descubre que Dios, en su amor, tiene un plan de salvación diseñado exclusivamente para ti.
El amor del PADRE por ti no tiene medida y EL quiere que tú experimentes su paz y vida en una intima relación con EL: De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

2. Para alcanzar sus gracias tenemos un enorme obstáculo por franquear.
Nuestros pecados, egoísmos y debilidades han provocado un abismo sin medida  entre DIOS y nosotros que nos impiden que sus bendiciones y amor lleguen a nuestras vidas: por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). El problema se agudiza ya que nada de lo que hagamos nos va a permitir cruzar el espacio que nos separa de Dios. Buenas acciones, ser miembro de una iglesia, bautismo son todos pequeños puentes que no van a ningún lugar. Nuestro problema es peor. Somos muertos espirituales. Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:23).



3. La solución de Dios: Jesucristo
EL Padre, en su gran amor por ti y por mí, envió a su propio hijo, que con sus brazos abiertos en cruz pagó con su vida el precio por nuestros pecados y se transformó en único puente que franquea el abismo hacia el Padre. Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. . . Pero Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:6, 8).






4. Pídele a Jesús que sea tu Señor y Salvador.
Sólo pidiéndole a Jesús que se transforme en tu Rey y Señor, puedes cruzar el puente desde un mundo lleno de muerte y dolor hacia uno pleno de vida, alegría y esperanza. Al cruzar el abismo pasas a formar parte de la familia de Dios: Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9, 10).





5. Descansa en la perfecta paz de Dios.
La Biblia dice: "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1). “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús" (Romanos 8:1).

Oremos:
Si quieres recibir la paz y amor que sobrepasa todo entendimiento, te invito a hacer esta sencilla oración. Con todo el corazón  dile al Señor:

"Señor Jesús, reconozco mis pecados, debilidades y que no soy nada sin ti. Necesito que vengas a mi vida y me lleves de este mundo lleno de penas, faltas de perdón, soledad, enfermedades y frustración, al mundo de los hijos de Dios. Es por ello que en esta hora te confieso y te nombro como mi único Rey  y Señor. Grito al mundo que tú, mi amado Jesús moriste en mi lugar en la cruz para perdonar mis pecados. Yo sé que tú mi Cristo ¡vives, vives! Ya que la muerte se rindió ante ti. En esta hora, renuncio a satanás y a todas sus obras y quiero que tú me des la vida que ahora necesito y por toda la eternidad seas mi único Señor.

 Amen."



5 Pasos para perseverar y no decaer…

1. Procure leer Biblia todos los días. “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4:4).

2. Hágase el hábito de guardar unos minutos al día para conversar con Dios. “Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:17, 18). Orar es conversar con Dios.

3. Confiese sus pecados. Los cristianos católicos tenemos la gracia de poder acudir a un sacerdote para reconciliarnos con Dios…No olvide que este es un sacramento instituido por el mismo Jesucristo. Que alivio para el alma es el escuchar por boca del sacerdote: “Por en ministerio que me ha dado la iglesia, en el nombre de Jesucristo te perdono tus pecados”. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9).

4. Cuente a otros la maravilla que es ser parte de la familia de Dios. Jesús mismo lo dijo: "Vuélvete a tu casa y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo” (Lucas 8:39).

5. Participe en su iglesia más cercana y congréguese con otros creyentes. “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).



Gabriel A. Salgado P.






Mi gran y fiel Proveedor


Les quiero compartir un gran secreto que me ha acompañado a lo largo de mi vida de caminar con el Señor. Nace de mi corazón hacerlos partícipes de ello, porque con su conocimiento, el PADRE derramará una lluvia de bendiciones para sus vidas.
¿Quieren que se los comparta? Bien, partamos con la lectura de la palabra. Esta está tomada del antiguo testamento, del libro del génesis is dice así:

…”Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo  mío. E iban juntos. Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jahveh proveerá.(Jahveh Jiréh)
     Dios probó la fe de Abraham al pedirle que sacrificara a su único hijo, Isaac, como una ofrenda quemada. Asombrosamente Abraham se dispuso a hacerlo. Llevó a Isaac con él al monte Moriah, para cumplir lo que su Dios le había pedido. Ahora te pido que tengas en cuenta 3 elementos fundamentales y que y que en pasaje he subrayado. El dijo a sus siervos para que les esperasen: “adoraremos” y “volveremos”. El tercer elemento viene enseguida y es la respuesta de Abraham a la pregunta de Isaac  sobre “dónde estaba el cordero para el sacrificio”. Abraham sin dudarlo le responde a su hijo:” Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo  mío”. No te preocupes mi amor, que el Dios que nosotros seguimos es un Dios fiel y leal y EL, el Jiréh, nos proveerá aunque por ahora no lo veamos.

Qué fe más absoluta, qué confianza sin límites en el creador. Estas 3 declaraciones marcadas arriba con rojo, son la evidencia más absoluta y necesaria que nos revelan la manera incondicional en que este hombre ponía todo su ser y lo que más amaba, su único hijo, en manos de su Creador. Esta es la fe incondicional que Abraham tenía en su SEÑOR. Abraham sabía, sin ninguna sombra de duda, que si Dios le pedía en sacrificio a su propio hijo, este haría “algo”, en su sobrenatural poder, que le restituiría a su bien amado retoño sano y salvo. Tenía fe para creer que si mataba a su hijo, Dios lo levantaría de los muertos.

Qué difícil es en este mundo de racionalismo actuar con tal fe, sin embargo, hermanos y amigos, ese es el secreto que me ha acompañado durante toda mi vida y que en su misericordia el PADRE me ha hecho descubrir.

 Recuerdo muy bien el día en que mi hijo Felipe, con 6 meses de edad y ahora de 17 años, debía ser operado de un tumor cerebral en el Instituto de Neurocirugía de la Universidad de Chile, en Santiago. Era una operación de vida o muerte y, según los doctores, no había tiempo de duda. En esa angustia y mientras Felipe era llevado a la capital, comencé a pedirle a Dios, con ayuno y súplica, que se hiciera su voluntad, y a decirle que si en sus planes estaba conservar con vida y sin secuelas a mi hijo, nada en el cielo ni en ningún lugar lo pudiera impedir. Llegó Felipe a Santiago y como una forma de confirmar la presencia del tumor, fue sometido a su tercer scanner como paso previo a la operación. Y cual no sería la sorpresa de los médicos al ver que las imágenes que obtenían no mostraban el tumor que debía ser operado por ninguna zona de su cerebro.  Ese es Jahveh Jiréh. Es el mismo que proveyó a Abraham en el instante mismo en que procedía a sacrificar a su hijo.

Ese es Jahveh Jiréh, que así como lo hizo aquel día con mi hijo Felipe, me sigue ayudando y proveyendo permanentemente en mi vida y en la vida de miles de cristianos que ponen sus esperanzas en El.

Es ese Jahveh Jiréh, que no cambia y sigue siendo el mismo ayer, hoy y siempre.
Es El, el que me hace exclamar de júbilo y confianza “En paz me acostaré, y así mismo me dormiré; porque solo tú Jahveh, me haces vivir confiado”.(Salmo 4:8)
El es el que está a tu puerta este día para tener un encuentro contigo, porque...El quiere ayudarte.
En mi servicio a Dios y en los lugares que me ha permitido visitar durante estos años, he conocido tanta gente que siendo cristianos, viven esclavos de la pena, la miseria y el dolor. Todo ello porque ignoran o no creen  que tenemos un Dios poderoso y amoroso que no dudó en enviara su propio hijo para darnos " vida y vida en abundancia". Amigo y hermano, ¿ Porqué tienes que vivir una vida de angustias, enfermedades, con faltas de esperanza respecto a tu futuro y al de los tuyos, si tienes por Padre a Jahveh Jiréh, dueño de todo lo  creado? ¿No crees que es hora de romper con toda la miseria que te rodea y de pedirle a EL que sea tu proveedor?

Jahveh Jiréh, El Señor proveedor, es el que quiere proporcionarte  lo que en este instante te falta.
Si sientes que necesitas del El, te propongo buscar un lugar tranquilo y decirle de corazón:

“Padre Celestial, vengo a tu presencia esta hora para ponerme a tus plantas y suplicarte que vengas a mi vida.
Tu mismo, Jahveh Jiréh, que ayudaste a Abraham supliéndole de lo que necesitaba, te ruego que  en tu gran misericordia vengas a mi vida y suplas lo que en este instante necesito con urgencia (…nombra lo que necesitas). Necesito de ti Señor, ayúdame Jahveh Jiréh. Pongo a tus plantas mi vida y con toda la fé que en mi vida pueda haber, te ruego que escuches mi oración.
Te lo pido, en el nombre de Jesús, mi Salvador
Amén”

¿YAHVEH o JEHOVA?

  Cómo cristiano católico, cuando estudio la palabra, en innumerables ocasiones me he preguntado cual es la forma correcta de pronunciar el nombre sublime del PADRE. ¿Será JEHOVA O JAHVEH? . Otras tantas me he visto cuestionado por hermanos que no toleran que un católico utilice la forma JEHOVA, temor que no comprendo y que quizás se deba a un miedo intrínseco a que no me vaya a hacer evangélico y, creo que de la misma forma deben pensar nuestros hermanos separados si alguno de sus filas se atreve a usar la palabra YAHVEH. Por ello y como una forma de arrojar un poco de luz respecto a este tema es que quiero compartir este artículo con todos ustedes.

¿YAHVEH o JEHOVA?

Como ustedes deben saber, el hebreo antiguo se escribía sin vocales, sólo las consonantes eran registradas. De ahí la presentación del TETRAGRAMA: YHWH.
Según el parecer de los especialistas bíblicos, la primera persona a la que Dios le revelo su nombre fue a Moisés. “Moisés contestó a Dios: Si voy a los hijos de Israel y les digo que el Dios de sus padres me envía a ellos, si me preguntan: ¿Cuál es su nombre?, yo ¿qué les voy a responder? Dios dijo a Moisés: “Yo soy el que soy” “Así dirás al pueblo de Israel: YO SOY me ha enviado a ustedes…” (Éxodo 3, 13 – 14).
Está comprobado que el nombre hebreo YHWH está íntimamente conectado con el significado de: YO SOY EL QUE SOY. La pronunciación original del tetragrama “estuvo gradualmente proscrita a partir de la época de los Aqueménidas,” (año 550 antes de Cristo) “siendo este nombre tabú reemplazado, con el uso cotidiano, en la lectura de las Escrituras y la oración, por apelativos”, entre los cuales se destacan:
ADONAI (=Señor mío), HA-ŠEM en hebreo o ŠEMÃ en arameo (=el Nombre) (Diccionario Enciclopédico de la Biblia, Herder, Barcelona, 1993).
Para la época del Segundo Templo de Jerusalén (siglo IV a. C,), sólo “el sumo sacerdote y únicamente en el día del Yom Kippur (Mish. Yoma 6, 2) así como en la birkat cohaim” podía pronunciar el nombre de YHWH. Y ya para el siglo III a. C., el nombre había dejado de pronunciarse (Cfr., Cesar Vidal, Enciclopedia de las Religiones, Planeta, España, 1997).
Sin fundamento bíblico, ni de la tradición judía y mucho menos cristiana y sí de manera antojadiza los masoretas, hacia el final de la edad media, en su empeño por vocalizar los textos sagrados, colocaron las tres primeras vocales de ADONAI debajo del tetragrama YHWH, únicamente como contraseña para recordar que se debía pronunciar no el nombre de Dios sino Adonai. Sin embargo, algunas personas mas tarde cayeron en el error de hacer una incorrecta interpretación y dieron origen al termino Yehovah pronunciada como Jehová (Ibid.). Error de interpretación y pronunciación que se inició HACIA FINALES DE LA EDAD MEDIA.
No está mal recordar que la Edad Media fue un periodo de la historia que se inició en el siglo V después de Cristo y finalizó en el siglo XV. Lo que entonces indica que el antiguo pueblo de Israel, ni la Virgen María, ni los Doce Apóstoles, ni San Pablo y todos los demás cristianos de los primeros 13 ó 14 siglos no conocieron el termino de Jehová. Hoy en día los exegetas (=especialistas bíblicos) no reconocen como valido este nombre, precisamente POR NO CONTAR CON EL AVAL DE LA TRADICION BIBICA, JUDIA O CRISITIANA. “La forma empleada hoy en las publicaciones científicas es YAHVEH, aunque con variantes ortográficas”, puesto que algunos prefieren escribirla como Yahvé y otros como Yavé (Op. cit., Diccionario Enciclopédico de la Biblia).
Interesante es la explicación que sobre la palabra Jehová ofrece en su glosario la versión de la Santa Biblia de Casiodoro de Reina (1569), revisada por Cipriano de Valera (1602) asimismo en 1862, 1909 y 1960; publicada por Sociedades Bíblicas en América Latina. A continuación el texto: En el hebreo primitivo, que carecía de vocales escritas, la consonante son YHVH. Por respeto, dejó de pronunciarse, y en lugar se leía Adonai (el Señor). Para recordar esto al lector, los rabinos le pusieron las vocales e, o y a, SOLO COMO CONTRASEÑA, cuando inventaron un sistema de vocales escritas para el hebreo. En los medios cristianos empezó a leerse desde fines de la Edad Media con esas vocales así resulto la forma latinizada Jehová.
 LOS HEBRAISTAS HAN LLEGADO AL ACUERDO GENERAL DE QUE LA PRONUNCIACION ORIGINAL DEBE DE HABER SIDO YAHVEH. SU SIGNIFICADO SE ASOCIA CON LA IDEA DE SER O EXISTENCIA.” YO SOY EL QUE SOY = YAHVEH.
Algunos datos más: - “el nombre se encuentra atestiguado lo mismo en forma independiente que como elemento teóforo de un gran número de antropónimos” (Op. cit., Diccionario Enciclopédico de la Biblia).
- El que comenzó a escribir el libro sagrado del Génesis (siglo X antes de Cristo) es llamado hoy Yahvista, por nominar a Dios con el calificativo de YAHVEH, a partir de la creación (Cfr., Génesis 2, 4b). Esta fuente nombrada así, predomina en el Génesis y continúa en los libros del Éxodo y Números hasta la muerte de Moisés (Op. cit., Diccionario Enciclopédico de la Biblia).  
¿Sabia usted que la expresión ALELUYA, en griego allêllouia, es una palabra hebrea compuesta (halelûyãh) que significa load a Yahveh = alabado sea Yahveh? Las últimas tres letras de esta palabra en hebreo (YÃH) corresponde a las siglas del nombre YAHVEH. Y jamás encontrará usted que se diga aleluje del término incorrecto de Jehová.
- YAHVEH SALOM: Así se llamaba el altar que Gedeon erigió en honor de Dios en Ofrá (Cfr., Jueces 6, 24).
- YAHVEH NISSÍ: Fue el nombre que Moisés dio al altar que dedicó a Dios después, de la victoria de Josué sobre los amalecitas (Cfr., Éxodo 17, 15).
- “La vocalización del tetragrama YHWH, que representa la forma completa del nombre, se puede restablecer con certeza en base a las transcripciones griegas, debiendo leerse YAHVEH…” (Op. cit., Diccionario Enciclopédico de la Biblia).

Espero que este artículo les haya sido de utilidad y entregado luz en su caminar
Lluvias de bendiciones para todos de parte del PADRE.

Gabriel A. Salgado P.
Written by: Padre Wilfredo Martínez

"El Sepulcro está vacío"












¡¡¡Jesús está Vivo!!!


 " EL SEPULCRO ESTÁ VACÍO "

¡¡¡…Suenen campanas, suenen tambores, suenen guitarras y hosannas a Dios.
Renace el día, surge la luz. Cantemos hermanos un himno a Jesús.
Porque Cristo resucitó!!!!…


Así dice el verso de una canción que entonábamos en la iglesia pequeña de mi pueblo y esta noticia hermosa hoy llena de gozo a todo creyente en Jesucristo.
El, el hijo de María, El Señor, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, Nuestra esperanza, Nuestro sustento, Nuestro refugio, Nuestra Pascua Inmolada, ha vencido a la muerte y ha resucitado. ¡Cristo vive! Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe.
Jesús, que murió en la cruz, ha resucitado. Ha triunfado de la muerte, del poder de las tinieblas, del dolor y de la angustia.
Esta noticia no puede dejarnos indiferentes. Basta de angustias y tristezas; es tiempo de alegría. De una alegría que no se limita a esta época del año litúrgico, sino que se instala en todo momento en el corazón de los cristianos, porque Jesús está vivo.
Jesús no es una figura que pasó, que existió en un tiempo y que se fue, dejándonos un recuerdo y un ejemplo maravillosos. No: Cristo vive. Jesús es el Emmanuel; Dios con nosotros.
Su Resurrección nos revela que Dios no abandona a los suyos.
¿Puede la mujer olvidarse del hijo de sus entrañas? Pues aunque se olvidara, yo no me olvidaré de ti, había prometido el Señor, según lo relata el libro de Isaías. Y ha cumplido su promesa.
La Resurrección gloriosa del Señor es la clave para interpretar toda su vida, y el fundamento de nuestra fe. Sin esa victoria sobre la muerte, dice San Pablo, toda predicación sería inútil, y nuestra fe estaría vacía de contenido.
La Resurrección de Cristo es la realidad central de la fe católica. La importancia de este milagro es tan grande, que los Apóstoles son, ante todo, testigos de la Resurrección. Anuncian que Cristo vive, y este es el núcleo de toda su predicación. Esto es lo que, después de veinte siglos, nosotros anunciamos al mundo: ¡Cristo vive! La Resurrección es el argumento supremo de la Divinidad de Nuestro Señor.
Jesucristo vive. Y esto nos colma de alegría el corazón. Esta es la gran verdad que llena de contenido nuestra fe. Jesús, que murió en la cruz, ha resucitado, ha triunfado sobre el dolor y la muerte. En Él, encontramos todo. Fuera de Él, nuestra vida queda vacía.
La Resurrección de Jesús, no tuvo otro testigo que el silencio de la noche pascual. Ninguno de los evangelistas describe la Resurrección misma, sino solamente lo que pasó después. El hecho de la Resurrección misma no fue visto por nadie, ni pudo serlo. La Resurrección fue un acontecimiento estrictamente sobrenatural. No se puede constatar por los sentidos de nuestro cuerpo mortal, ya que no fue un simple levantarse de la tumba para seguir viviendo como antes. La Resurrección es el paso a otra forma de vida, a la Vida gloriosa.
Mateo narra este hecho trascendental para toda la humanidad de esta manera:


"Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos".( Mt. 28, 1-8)


María de Magdala fue a visitar el sepulcro de Jesús, al amanecer del primer día de la semana, del Día del Señor. Este día, es el amanecer de la Nueva Creación en Jesucristo. En el Señor es renovada la primera creación, que había caído bajo la corrupción del pecado. Por eso los cristianos santificaron desde el comienzo este día.
María de Magdala es precisamente una de aquellas mujeres que estaban al pie de la cruz de Jesús y que estaban presentes cuando lo sepultaron. Así que no hay error posible a propósito de la tumba de Jesús.
El Señor ha resucitado de entre los muertos, como lo había dicho. Alegrémonos y regocijémonos todos, porque reina para siempre, aleluya!
Nunca falta la alegría en el transcurso del año litúrgico, porque está permanentemente relacionado, de un modo u otro, con la solemnidad pascual, pero es en este día, Domingo de Pascua de Resurrección, cuando este gozo se pone especialmente de manifiesto.
Con la Muerte y la Resurrección del Señor hemos sido rescatados del pecado, del poder del demonio y de la muerte eterna.
Hermanos, el que venció a la muerte tiene en sus manos el poder para sanarte de tus enfermedades físicas y del alma. El tiene el poder para restaurar tu hogar destruido, para vencer el vicio que te domina. El tiene el poder para vencer la depresión que no te deja, El tiene el poder para darte una vida completamente nueva y lo quiere hacer ahora por tí.
Si sientes que ya no hay forma de cambiar tu vida; si la ciencia no te ofrece una salida más que resignarte a una muerte segura, es hora de darle la oportunidad al que volvió de entre los muertos de hacer su obra de restauración en ti.
No tienes nada que perder, pero mucho que ganar. Por ello, te invito a que con fe hagas esta siguiente oración:


“Señor jesús, tú que venciste la muerte y el pecado con tu poder. En esta hora en que el mundo entero celebra tu gloriosa resurrección, vengo ante ti y te suplico que también me resucites con tu poder.
En tus manos deposito mi vida, sabiendo que tu muerte en la cruz fue para que yo alcanzara la salvación y que por tus santas llagas fuera sanado.
Jesús, ten compasión de mí. Me arrepiento de todos mis pecados y te ruego que también me resucites de mis pecados, vicios y enfermedades. Por tu gloriosa resurrección dame la vida que tu quieres para mí y me entrego a tu santa voluntad de cuerpo alma y espíritu.
Gracias mi Señor, por oír mi oración Señor,
Amén”